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Dos asesinatos que conmueven e indignan

 

 

Long Island, Nueva York.

 

 

 

Vanessa Argueta, de 19 años de edad, con su hijo Diego Torres, de 14 meses de edad, asesinados a balazos. Foto: LTH


El pasado viernes 5 de febrero, los cuerpos de Vanessa Argueta, de 19 años de edad, y de su hijo Diego de 14 meses de edad, quienes vivían en Hempstead, en el Condado de Nassau, fueron descubiertos a más de 40 kilómetros de distancia de donde residían, en un área boscosa detrás de un almacén en Central Islip, en el Condado de Suffolk.

 

"La persona quien hizo esto no tiene corazón", dijo Oscar Argueta, el hermano mayor y tío de las víctimas, "especialmente por cómo lo hicieron, tirándolos en un bosque, como si fueran objetos, usted no puede hacer esto, ni siquiera a tu peor enemigo", agregó.

 

Los familiares de Argueta no tienen idea de quién o quienes pudieron haber cometido este asesinato monstruoso, en tanto que la policía está rastreando todas las evidencias encontradas hasta el momento, en particular el teléfono móvil de Vanessa que fue hallado en la escena del crimen, lo que hace menos probable que el motivo del crimen haya sido un robo.

 

Al cierre de la edición, los investigadores de la policía de ambos condados, Nassau y Suffolk, estaban en la búsqueda del autor o autores del crimen. Fuentes cercanas al caso, según el noticiero de WABC-TV New York, los investigadores tenían varias pistas y la búsqueda se ha expandido en ambos condados.

 

Oscar Argueta dijo que su hermana fue vista por última vez en la casa de una amiga en Hempstead, donde ella estaba de visita y había llevado a su hijo Diego. La amiga le dijo a la familia que Vanessa y Diego dejaron la casa alrededor de las 5 de la tarde en un carro, con Vanessa diciéndole a su amiga que su padre la estaba recogiendo en su auto.

 

Pero la última parte de esa versión fue rechazada por el padre de Vanessa, José Argueta Lazo, de 43 años, quien dijo que él no había recogido a su hija el jueves (4 de febrero) en la tarde. Los miembros de la familia dijeron que la última vez que la vieron en su hogar fue el jueves en la tarde, antes de que ella se fuera a la casa de su amiga.

 

"Ella llegó a la casa, se baño y se fue a toda prisa con el niño, sin llevarse sus documentos personales... salió a la carrera", dijo el padre a LTH.

 

Unas dos semanas antes de los trágicos hechos, el padre de Vanessa relató a LTH que la notó "afligida y nerviosa, parecía como si estuviera amenazada", dijo Argueta Lazo, quien agregó que su hija le dio un fuerte abrazo, "como nunca antes me lo había dado y sentí que algo iba a pasar", agregó el padre quien está separado de su esposa pero que dijo que siempre estaba en contacto con sus hijos todos los días.

 

"Siempre hablaba por teléfono con ella y con frecuencia la llevaba en mi auto a su trabajo", dijo el afligido padre.

 

Por su parte la madre de Vanessa, Francisca Chávez, de 39 años, dijo que ella había notado un cambio en la conducta de su hija en los meses recientes. Ella se había cambiado de un trabajo de un gran almacén a una tienda más pequeña, en Roosevelt Field, que le ofrecía pocas horas y, en consecuencia, ganaba menos. Y su enrolamiento en la escuela nocturna, para obtener su GED, no rendía frutos. Y, lo más desconcertante, en varias ocasiones ella se iba de su casa, que compartía con su hijo, madre, hermanos y otros, y no volvía sino hasta varios días después.

 

En una instancia, ocurrida hace unos cuatro meses, de acuerdo a unos amigos de la familia que hablaron bajo la condición de anonimato, el padre estaba indagando entre sus amigos y conocidos si sabían del paradero de su hija y su nieto porque, según él, no sabían de ellos por más de cuatro días. Sin embargo, al quinto día ella reapareció, de acuerdo a los conocidos de la familia.

 

"Yo le aconsejaba a ella y le decía que yo cuidaría al niño para que pueda ir a trabajar, pero no para te vayas a divertir con tus amigos", dijo la madre. "Pero ella no escuchaba los consejos de nadie", agregó.

 

Vanessa es la segunda de cuatro hermanos. Su hermano mayor, Oscar Argueta, nació en El Salvador, pero ella y sus otros dos hermanos menores nacieron en los Estados Unidos.

 

"Ella nació en California, mientras que George y Ashley, sus hermanos menores, nacieron aquí en Long Island", dijo el padre. Vanessa iba a cumplir 20 años este 11 de febrero, un día después del onomástico de su padre.

 

"Debido a que los cumpleaños eran seguidos, con frecuencia celebrábamos los cumpleaños juntos", recordó el padre, quien dijo que "ahora solo le pido a Dios que me dé fortaleza y que las autoridades puedan encontrar con el responsable o responsables de estos horrendos crímenes, porque esto no se puede quedar así", señaló.

 

Vanessa abandonó la escuela secundaria de Hempstead hace dos años, dijeron sus familiares, poco antes de salir embarazada de su hijo Diego.

 

De acuerdo a los familiares, el padre biológico del menor se llama Armando Torres, quien es de descendencia puertorriqueña y se encuentra preso por crímenes cometidos en el pasado. Amigos de la familia Argueta dijeron que la madre de Torres se reunió con los familiares de Argueta, y les dijo que su hijo se encontraba en tratamiento por la depresión que sufrió tras enterarse de la muerte de su menor hijo y ex compañera.

 

De acuerdo al padre de Vanessa, el sepelio y el entierro de las dos víctimas se iba a realizar este miércoles 10 de febrero.

 

Generaciones perdidas

 

Por A. Mondragón

 

A lo largo del 2009 y en lo que va del 2010, el asesinato de jóvenes y otros incidentes criminales relacionados con las pandillas en Long Island, ha llegado a niveles no solo preocupantes sino también intolerables. Lo más horrendo acaba de ocurrir con el asesinato de un menor de tan solo 14 meses de edad, quien fue muerto a tiros junto con su madre de 19 años de edad.

 

Es incuestionable que el castigo más severo de la ley debe caer sobre el o los autores de este horrendo crimen. Pero más allá de la solución penal de este caso, este hecho subraya una vez más el profundo y grave problema social que enfrenta la comunidad latina en general y centroamericana en particular, en Long Island, con una "generación perdida" de jóvenes latinos nacidos o criados en los Estados Unidos.

 

Esta "generación perdida" es el resultado de su fracasada adaptación y/o asimilación a la sociedad, lo cual los ha llevado a crear una sub-cultura donde ellos mismos se niegan las pocas oportunidades disponibles para salir adelante. Y el hecho de que esta segunda generación ya está procreando hijos de madres adolescentes, es muy probable que —como ha ocurrido con otras comunidades en los Estados Unidos— la tercera generación pueda convertirse en otra "generación perdida".

 

Y cuando se habla de una "generación perdida", nos referimos al hecho de que es una generación que no marca una huella positiva en el avance de la sociedad y que, a causa de ello, es estigmatizada como una carga social.

 

¿Cómo revertir esta tendencia? La respuesta puede ser larga y complicada, pero hay un elemento imprescindible y es la propia toma de consciencia de esta generación. El mundo gira y cambia a nuestro alrededor, esa es la percepción de nuestros cinco sentidos. Pero si nosotros mismos no cambiamos en nuestro interior, en nuestra verdadera esencia, nada cambiará. No podemos cambiar la pradera sino cambiamos las semillas.


 


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